La energía del cuerpo es la base de todo lo que somos y hacemos. Pensar, relacionarnos, movernos… Todo es una cuestión de energía. Y esa energía se crea en cada una de nuestras células, en concreto en unas estructuras llamadas mitocondrias.
Un estilo de vida saludable y una gestión positiva de los factores de estrés crónicos son vitales para que el funcionamiento de estas fábricas energéticas sea óptimo. Solo así podremos enfrentarnos de manera eficiente ante cualquier reto que nos presente el día.
Cuando las mitocondrias dejan de activarse, acumulamos riesgo de padecer síntomas que pueden condicionar nuestro desempeño diario, así como enfermedades crónicas.
Una alimentación adecuada en contenido y frecuencia, la actividad física regular, el respeto a nuestro biorritmo fisiológico, las relaciones sociales positivas y el reto constante a nuestro cuerpo serán las vías más efectivas para mantener la salud de nuestras mitocondrias y sostener unos niveles de energía adecuados.
¿Cómo genera mi cuerpo energía?
El principal centro de producción de energía del cuerpo son las mitocondrias. Son unos orgánulos que se encuentran dentro de cada una de nuestras células.
A estas fábricas de energía debe llegarles materia prima: ácidos grasos, glucosa, aminoácidos, cuerpos cetónicos y lactato. Con ella generan unidades de ATP, que es energía.
En el caso de la glucosa, esta llega al interior de las células y en el citoplasma se transforma en piruvato. Ese piruvato va a parar a la mitocondria para producir energía. A este proceso se le conoce como glucólisis.
Al proceso de obtención de energía a partir de los ácidos grasos se le denomina beta-oxidación. En ella, los ácidos grasos entran directamente en la mitocondria para producir ATP.
La principal diferencia entre estas dos vías es la eficiencia energética. La ruta de la beta-oxidación, aunque más lenta que la glucólisis, aporta mucha más energía.
Es importante destacar que la capacidad de producción de energía del cuerpo está condicionada, entre otros aspectos, por:
Factores hormonales:
- La leptina, una hormona que da permiso para el gasto energético. Si nuestro cerebro reconoce la leptina presente en el cuerpo, generada por el tejido graso, tendremos luz verde para gastar energía. Si no se reconoce su presencia, habrá más dificultad para funciones que requieren energía: fertilidad, sexualidad, relaciones sociales, etcétera.
- Las hormonas tiroideas, que influyen en si nuestro cuerpo tiene o no permiso para el gasto energético.
- La insulina, que determina también la producción de energía. En presencia de insulina, que se eleva cuando comemos, se favorece generar energía a partir de glucosa frente a los ácidos grasos.
Aspectos vinculados al estilo de vida:
- El descanso, la actividad física regular, una dieta rica en alimentos saludables y la exposición a estímulos horméticos de forma intermitente, como el ayuno o el frío, favorecen la función mitocondrial y, por ende, una mejor eficiencia energética.
¿Qué es lo que le da más energía al cuerpo?
Lo que da más energía al cuerpo es tener las mitocondrias en un óptimo estado funcional.
Para ello, es fundamental velar por todos los aspectos que potencian la activación mitocondrial. Entre ellos, la exposición intermitente a actividades que supongan un reto para el cuerpo: ejercicio físico, frío, calor, ayuno…
La repercusión que esto tiene a nivel del organismo es:
- Facilitar la flexibilidad metabólica, utilizando las grasas como recurso de mayor eficiencia energética.
- Mantener a raya los procesos inflamatorios crónicos.
- Estimular la creación de grasa marrón, muy rica en mitocondrias.
Por lo tanto, a través de la exposición intermitente a retos físicos, cognitivos y ambientales estaremos fomentando la creación de mitocondrias y una mejor actividad de estas. El resultado: mejores niveles de energía en el cuerpo.
¿Cómo subir la energía del cuerpo?
El nivel de energía del cuerpo depende principalmente de nuestro estilo de vida.
Ya sabemos que nuestro cuerpo produce energía a través de las mitocondrias. Cuanto mayor sea el número de mitocondrias y más se optimice su funcionamiento, mayor será nuestro nivel de energía.
Para lograrlo, debemos atender a los factores del estilo de vida que influyen directamente sobre la función mitocondrial.
Hemos de entender que el ser humano, desde los albores de los tiempos, se ha desarrollado en entornos de carencia de alimentos, donde el movimiento estaba muy presente y la exposición al frío o al calor era frecuente.
Una exposición intermitente a este tipo de escenarios repercute favorablemente sobre nuestra salud. Despierta mecanismos ancestrales que ayudan a subir el nivel de energía del cuerpo y supone una auténtica vacuna frente a la vida moderna, donde el sedentarismo, la sobrealimentación y la normotermia se han impuesto.
A continuación exploramos qué medidas podemos tomar en cada área del estilo de vida:
Alimentación
Mantener hábitos alimentarios en los que predominen alimentos naturales, preferentemente de temporada, donde las grasas saludables, las proteínas, las verduras, la fruta y los fermentados sean protagonistas, nos aporta el combustible necesario para que las mitocondrias funcionen correctamente.
Por otro lado, la frecuencia de ingestas es un aspecto clave. Comer en exceso genera inflamación y, por ende, menor actividad mitocondrial.
Realizar ayuno intermitente con una ventana de ingesta en horas de luz natural y un descanso digestivo de 14 a 16 horas favorece la flexibilidad metabólica y una mejor función mitocondrial.
No solo importa qué comemos, sino cuándo y cuántas veces lo hacemos.
Descanso y ritmo circadiano
Estamos hechos para estar activos física y mentalmente durante el día. Mantenernos activos cuando el cuerpo debería descansar altera el escenario hormonal.
Un buen descanso, que en un adulto de edad media debería situarse entre las 7 y 9 horas, comenzando el sueño no más tarde de las 23:00 h, favorece la regeneración mitocondrial y nos ayuda a tener más energía durante el día.
Actividad física
Realizar actividad física de forma regular, alternando ejercicios de cardio (caminar, bicicleta, carrera) con ejercicios de alta intensidad y fuerza (HIIT, sprints, pesas), nos ayuda no solo a mejorar la función de las mitocondrias, sino a generar más de estas en nuestras células.
Conexión social
Los seres humanos somos sociales por naturaleza. Sentirnos solos, el aislamiento o no pertenecer a un grupo social es un factor altamente nocivo para nuestra salud.
Estar solo representa una amenaza para nuestra especie. Eso genera respuestas inflamatorias que, mantenidas en el tiempo, convierten a la soledad en uno de los principales factores de riesgo vinculados con la mortalidad.
Sentirnos parte de algo más grande, con la percepción de pertenencia a través de relaciones satisfactorias con nuestra «tribu» o comunidad, es uno de los factores más antiinflamatorios que existen. Y, por lo tanto, de los que más favorecen una buena actividad mitocondrial.
Hormesis
Se trata de exponer a nuestro cuerpo a retos físicos, cognitivos y ambientales que nos saquen de la normotonía.
Enfrentarnos de forma intermitente al frío, al calor, a la hipoxia, a la hipercapnia, a la actividad física, a la restricción calórica y a retos cognitivos nos permite estimular y crear mitocondrias, generando un impacto positivo en los niveles de energía del cuerpo.
¿Qué vitamina levanta el ánimo?
Dentro de los complementos alimenticios, encontramos varias vitaminas que ayudan a levantar el ánimo:
- Vitamina D
- Vitaminas del grupo B
- Vitamina C
De todas ellas, nos centramos en la Vitamina D, que consideramos la que más puede influir en el estado de ánimo. Se une a receptores en el cerebro situados en áreas directamente relacionadas con el ánimo: la corteza prefrontal, el hipotálamo y la amígdala.
Cuando pasamos mucho tiempo sin exponernos a la luz solar, nuestra capacidad de obtener Vitamina D se limita.
Esto tiene una repercusión directa sobre el estado de ánimo:
- La Vitamina D regula la producción de serotonina, un neurotransmisor vital para el bienestar.
- Un déficit de Vitamina D se relaciona con neuroinflamación, alteración del cortisol e hiperactividad del cerebro emocional. El resultado es un estado de hipervigilancia.
Cuando la exposición solar se limita, es frecuente que aparezcan cuadros de depresión, ansiedad o cansancio.
Por eso, el consejo es buscar ventanas de oportunidad para exponerse al sol con la mayor superficie corporal posible. Unos 20 minutos sería el tiempo ideal.
Si esta opción no es viable, la suplementación con Vitamina D es una alternativa accesible para alcanzar niveles óptimos. Esto no solo regulará el estado de ánimo, sino que será de gran ayuda para optimizar la inmunología.
Cómo ITALAE puede ayudarte a tener más energía
En ITALAE centramos nuestra actividad asistencial en promover un estilo de vida saludable como principal herramienta para combatir síntomas, dolencias o enfermedades.
Entendemos que aquello que se ha creado debido a un estilo de vida con carencias no puede solucionarse de manera pasiva. Requiere de cambios orientados para obtener los resultados deseados.
Uno de los principales síntomas con los que los pacientes acuden a consulta es un bajo nivel de energía.
Esto se hace manifiesto desde el momento en que se despiertan. Vienen de varias horas de descanso y les cuesta muchísimo levantarse. Lo hacen con dolor, rigidez y muy baja energía, necesitando un café que les dé ese empujón inicial.
Otro síntoma evidente de tener el marcador de energía bajo es evitar las relaciones sociales, incluidas las relaciones sexuales por baja líbido. Relacionarnos implica un alto gasto energético. Si los niveles de batería están bajos, el cuerpo tiende al ahorro: evitar planes, quedarse en casa.
Cuando alguien con estos síntomas acude a consulta, no podemos pretender hacer grandes cambios de golpe. Cualquier cambio exige energía. Por eso contamos con ayudas que llamamos «quick wins»: la creatina, el magnesio o la coenzima Q10, que aportan una ganancia de energía rápida y facilitan el acceso a los primeros cambios.
Desde ese punto, con un nivel de energía mayor, es más fácil plantear cambios de estilo de vida. En esta etapa consensuamos con nuestros pacientes qué hábitos iniciales se comprometen a incorporar.
No es necesario cambiar las 5 áreas a la vez. Desde ITALAE consideramos básicas: Alimentación, Biorritmo, Actividad física, Conexión social y Hormesis. Pero el cambio más pequeño hace la diferencia más grande.
A medida que se incorporan nuevos hábitos, estos mejoran los niveles de energía del cuerpo. Y esa mejora facilita que el organismo funcione de manera óptima, recuperando la energía del cuerpo que mereces tener.
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