Disbiosis intestinal: qué es, síntomas y cómo tratarla Antonio Bermejo 4 mayo, 2026

Disbiosis intestinal: qué es, síntomas y cómo tratarla

La disbiosis intestinal es un proceso en el que el equilibrio de la microbiota intestinal se ve alterado. Aumenta el recuento de bacterias u hongos que promueven estados inflamatorios y se reduce el número de bacterias beneficiosas, encargadas de generar elementos protectores y antiinflamatorios para el organismo.

Esta alteración hace que se pierda la relación de simbiosis entre nuestro organismo como hospedador y las bacterias como huéspedes. La diversidad microbiana se reduce y la salud intestinal se ve afectada.

La disbiosis intestinal es resultado de procesos de estrés asociados con:

  • Fenómenos psicoemocionales que, a través del eje cerebro-intestino-microbiota, afectan al equilibrio de la flora intestinal.
  • El perfil dietético occidental, en el que abundan las grasas trans, los alimentos procesados y el azúcar.
  • El abuso de antibióticos.
  • Infecciones.
  • Sobrecrecimiento de hongos y bacterias tanto en el intestino como en otras barreras corporales como la oral o la vaginal.

Las situaciones de estrés también pueden generar alteraciones en la microbiota oral que acaban convirtiéndose en el origen de la disbiosis intestinal. Especialmente cuando el estómago, que debería actuar como filtro de microorganismos, no funciona de forma eficiente.

La disbiosis intestinal genera una degradación de la barrera del tubo digestivo, provocando permeabilidad intestinal. Esto trae consigo procesos de endotoxemia: agentes tóxicos pasan a la sangre generando inflamación que se expande a todo el cuerpo, incluso al cerebro.

Síntomas de la disbiosis intestinal

Los signos y síntomas más comunes y fácilmente observables son:

  • Hinchazón abdominal. El abdomen tiende a hincharse como el vientre de una mujer embarazada de varios meses, especialmente por la noche y tras las comidas.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Urticaria o eccemas en la piel.
  • Déficit de vitaminas y minerales por procesos de malabsorción intestinal.

Al margen de estos signos observables, las personas con disbiosis intestinal suelen sentir también:

  • Dolor abdominal
  • Pesadez abdominal
  • Niebla mental
  • Trastornos del sueño
  • Cansancio continuo
  • Digestiones pesadas
  • Ansiedad o irritabilidad

Alimentos prohibidos en la disbiosis intestinal

Existen muchos alimentos de la cultura occidental que favorecen los procesos de disbiosis intestinal.

Tanto si queremos tener una actitud preventiva como si buscamos revertir la situación, será importante eliminar aquellos alimentos que puedan generar o empeorar la disbiosis.

Los alimentos que desaconsejamos en caso de disbiosis intestinal son:

  • Azúcares refinados (refrescos, bollería industrial, pasteles…)
  • Harinas blancas (pan, pasta…)
  • Grasas trans
  • Aceites vegetales
  • Carnes rojas, por su contenido en Neu5GC, que puede favorecer fenómenos inflamatorios
  • Carnes procesadas como salchichas o embutidos
  • Lácteos
  • Alcohol
  • Legumbres
  • Soja, tofu y seitán
  • Procesados (helados, galletas, gominolas…)
  • Alimentos que contengan gluten como los cereales (trigo, centeno, avena…)
  • Bebidas energéticas
  • Alimentos con edulcorantes, espesantes y emulsionantes
  • Alimentos precocinados
  • Snacks de bolsa (patatas fritas, nachos…)

¿Qué diferencia hay entre SIBO y disbiosis intestinal?

En líneas generales, el SIBO es un tipo de disbiosis con características especiales.

La disbiosis es un término más genérico que hace referencia a un desequilibrio en la composición y diversidad microbiana en diferentes barreras corporales: la piel, la boca, la vagina o el intestino.

El SIBO, en cambio, se refiere específicamente a un sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado.

Las principales diferencias entre ambos son:

  • El SIBO está localizado en el intestino delgado, mientras que la disbiosis suele extenderse por diferentes tramos del tubo digestivo y otras barreras corporales.
  • El SIBO se caracteriza por un aumento de bacterias en el intestino delgado que normalmente se alojan en el intestino grueso. La disbiosis, en cambio, se caracteriza principalmente por la pérdida de diversidad microbiana.

A pesar de sus diferencias, ambas situaciones suelen estar motivadas por:

  • Fenómenos vinculados a la vida moderna: dieta occidental, estrés crónico y uso prolongado de fármacos que afecten al equilibrio de los ecosistemas en las barreras.
  • Alteración en la motilidad intestinal, debido a que el complejo motor migratorio, encargado de facilitar la contracción del intestino para la digestión y eliminación, no funciona correctamente.

Tratamiento de la disbiosis intestinal

El tratamiento de la disbiosis intestinal requiere un abordaje progresivo. El objetivo es devolver la integridad a la barrera intestinal, repoblar el ecosistema con bacterias favorables y regular los factores de estrés que han generado el desequilibrio.

Lo estructuramos en los siguientes pasos:

1. Restaurar la barrera intestinal

Se aconseja aumentar el consumo de proteínas de calidad presentes en alimentos como huevos, pescados y pollo de corral. Son los «ladrillos» necesarios para reconstruir la barrera dañada.

Además, se puede complementar con suplementación:

  • Glutamina, que nutre las células intestinales.
  • Vitamina A, que facilita la regeneración del tejido. También se encuentra de forma natural en hígado de pescado o de cordero.

2. Alimentación

Es importante reducir todos los alimentos que sirvan de fuente de energía para los microbios sobrecrecidos.

Se aconseja reducir o eliminar: alimentos procesados, azúcares, grasas trans e hidratos de carbono de absorción rápida como el pan o la pasta.

Por otro lado, se indica aumentar la ingesta de:

  • Proteínas y grasas de calidad: pescados, mariscos, moluscos, pollo de corral, pavo, aceite de oliva, frutos secos, cacao puro.
  • Fibra prebiótica: verduras, tubérculos y frutas de temporada.
  • Alimentos ricos en polifenoles: frutos rojos, té verde, hojas verdes, cacao puro o cítricos.

Es fundamental personalizar cada caso. Dependiendo de si se trata de un SIBO, SIFO, IMO o LIMO, algunos alimentos saludables pueden no ser recomendables en determinadas situaciones.

3. Probióticos

Una vez avanzado el proceso de regeneración de la barrera intestinal y establecida la alimentación adecuada, llega el momento de introducir alimentos probióticos.

Se trata de un proceso escalonado. La introducción de probióticos no debería realizarse antes de la tercera semana de tratamiento.

Los probióticos pueden aportarse tanto a través de suplementación como de fuentes naturales. Una opción muy interesante son los alimentos fermentados como el chucrut, el kimchi o cualquier verdura fermentada de forma artesanal.

Estos alimentos no solo aportan cepas de bacterias favorables, sino que son básicos para regular la inmunología y combatir el proceso inflamatorio intestinal.

4. Mantener un ambiente antiinflamatorio

Una vez transcurridas al menos 3 semanas desde la introducción de los probióticos, es el momento de reforzar el proceso favoreciendo un ambiente antiinflamatorio en la luz intestinal.

Se propone el uso de suplementación como:

  • Ácidos grasos omega 3
  • Zinc
  • Vitamina D

Estos elementos también pueden obtenerse a través de la alimentación, ingiriendo productos marinos como algas, moluscos, mariscos y pescado azul, y exponiéndose al sol con frecuencia.

5. Regulación del estrés

De manera paralela al proceso de regeneración intestinal, que se extenderá aproximadamente 8 semanas, es importante atender a los fenómenos psicoemocionales que hayan podido facilitar la disbiosis.

Acciones vinculadas al estilo de vida que favorecen una mejora del estado emocional e impactan positivamente sobre la microbiota:

  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Favorecer el descanso alineándose con los ritmos circadianos fisiológicos.
  • Gestión del estrés a través de ejercicios respiratorios, mindfulness o yoga.
  • Contacto con la naturaleza mediante baños de bosque o grounding.
  • Conexión con otros a través de actividades grupales como el canto en coro, el juego o el deporte.

6. Higiene oral

Dado que una disbiosis oral puede ser el origen de la disbiosis intestinal, el cuidado de la salud bucal es imprescindible.

Se aconseja:

  • Realizar una buena limpieza mecánica con cepillo e hilo dental.
  • Utilizar un enjuague de aceite de coco con unas gotas de aceite esencial de orégano, tomillo o clavo para mantener el equilibrio de la microbiota oral.
  • Pasar el hilo dental al menos tras la última comida del día.
  • Acudir al dentista cada 6 meses para una limpieza en profundidad.

7. Acidez estomacal

El estómago tiene un nivel de acidez alto de forma fisiológica, con un pH de 1 a 3. Esa acidez actúa como barrera frente a los microorganismos procedentes de lo que ingerimos.

Si el estómago pierde ese nivel de acidez, el tubo digestivo queda privado de un filtro esencial. Los sobrecrecimientos bacterianos o fúngicos orales pueden extenderse hacia el intestino, generando disbiosis.

Para recuperar los niveles de acidez gástrica se indica:

  • Aumentar el tono del nervio vago.
  • Ingesta de aloe vera puro antes de las comidas para estimular la secreción de ácido clorhídrico.
  • Regular los niveles de estrés.
  • Moderar la ingesta de fármacos que puedan afectar el pH del estómago.

Cómo ITALAE puede ayudarte con la disbiosis intestinal

Los cuadros de disbiosis intestinal están al alza. Y no es de extrañar, ya que es un síntoma evidente de que el ser humano se aleja cada vez más de su naturaleza, caracterizada por:

  • La ingesta de comida de proximidad y de temporada, para la que su microbiota está programada.
  • La presencia continua del movimiento.
  • La exposición frecuente al sol.
  • El contacto con la naturaleza.
  • El establecimiento de vínculos y relaciones positivas con otras personas.
  • Vivir presente en el aquí y el ahora.

En la medida en que nos alejamos de lo que somos como especie, abrimos la puerta a situaciones como la disbiosis intestinal. No es más que una forma que tiene el cuerpo de comunicarnos que algo debe cambiar.

Es importante entender el síntoma o la enfermedad como una vía de comunicación. Un feedback que nos invita al cambio. La medicina alopática se centra en abordar el síntoma sin entender qué contexto ha facilitado que se instaure.

Desde ITALAE buscamos ir al origen del problema. Más allá del tratamiento sintomatológico, queremos entender qué ha motivado la instauración de la disbiosis intestinal.

Lo hacemos a través de un profundo estudio del contexto del paciente, sus hábitos y su historia de vida. Lo que emerge hoy pudo haber sido sembrado hace mucho.

Tras el proceso diagnóstico, se plantea un abordaje basado en el estilo de vida: movimiento, alimentación, biorritmo, entorno, vínculos sociales y capacidad de resiliencia corporal.

Además, se diseñan propuestas personalizadas para cada persona. En unos, la disbiosis pudo ser ocasionada por el uso prolongado de antibióticos. En otros, por un proceso de estrés que generó una disbiosis oral que se extendió hacia el intestino.

La disbiosis intestinal suele responder bien al tratamiento desde el enfoque de la Psiconeuroinmunología, a través de estrategias basadas en el estilo de vida. Requiere evaluación personalizada, un abordaje adecuado y seguimiento para completar el proceso de forma óptima.

Desde ITALAE te ofrecemos nuestra mano para acompañarte en este proceso de recuperación de la salud, de forma natural y personalizada. Porque recuperar el equilibrio de tu disbiosis intestinal es posible, y el tratamiento personalizado es la clave para alcanzarlo.

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Antonio Bermejo

Director Clínico de ITALAE y experto en Psiconeuroinmunología (PNI) y Salud Integrativa. Doctor «Cum Laude» con 20 años de experiencia, integra la evidencia científica con la Medicina del Estilo de Vida para resolver patologías complejas desde su origen, y no solo tratar el síntoma.

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